Una de las plazas cuya visita no envuelve tanto sabor histórico sino sabor festivo, es la Plaza Garibaldi. Mundialmente conocida porque se reúnen auténticos mariachis o músicos autóctonos con sus vestimentas atractivas y sus instrumentos, ofreciendo sus servicios, sus mejores canciones y voces a los turistas. Estas “serenatas” son ofrecidas en la misma plaza por un precio económico.
Pero si prefiere disfrutar de espectáculos no tan improvisados, puede visitar cualquiera de las cantinas que rodean la Plaza Garibaldi. Incluso hay algunos espectáculos tan famosos y codiciados que deberá reservar con antelación los boletos para poder entrar. De todos modos, si no está persiguiendo un espectáculo en particular de los ofrecidos en las cantinas, con las excelentes voces de los mariachis de la plaza, quedará satisfecho. Además el ambiente festivo de la plaza con los turistas y locales, hará que no se lamente por no haber hecho su reserva con tiempo.
Aún cuando a los turistas le pueda parecer que los trajes llamativos de los mariachis forman parte del vestuario de un montaje teatral, que se instalan en la plaza para entretener al turista a cambio de una tarifa, esta tradición mexicana es una de las más arraigadas del pueblo mexicano que ha logrado sobrevivir a tanta imposición cultural a lo largo de su historia. Los mariachis acompañan no sólo las celebraciones patrias de los mexicanos, sino también las festividades religiosas como demostración de fe y respeto.
El nombre de la plaza es en honor a José Garibaldi, quien luchó por la independencia de México, pero prácticamente podríamos decir que el protagonismo pleno de esta plaza la tienen los músicos, por lo que también se erigió ahí un monumento al Mariachi, como símbolo de su presencia permanente.
Por ser un sitio de recorrido cotidiano por turistas extranjeros, esta plaza también es recorrida por amigos de lo ajeno, por lo que no es recomendable exhibir objetos de gran valor y tomar las precauciones debidas, sobre todo cuando se hace de noche.
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